Las comunidades marginadas están más expuestas a los estragos de una epidemia por su nivel de vida, bajas defensas, desnutrición, falta o mala calidad de agua y ausencia o limitada asistencia sanitaria, señaló el investigador Ricardo Méndez.

Al participar en la mesa redonda “Derechos y salud pública”, el especialista del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reconoció que si bien la salud es un derecho individual depende del entorno social.

De hecho, puntualizó en un comunicado, casi dos mil millones de personas que viven en países en desarrollo no tienen un acceso regular a medicamentos.

Ricardo Méndez detalló que mientras Africa representa 1.3 por ciento del mercado farmacéutico global, Japón, América del Norte y Europa, que concentran 25 por ciento de la población mundial, participan con 80 por ciento.

La globalización, destacó, implica 10 veces mayor peligro de contagio para países avanzados por el movimiento masivo de viajeros, la aparición de enfermedades infecciosas, la ausencia de vacunas para nuevos patógenos o la resistencia de los virus a los antibióticos.

Sobre el tema, Ingrid Brena Sesma, investigadora del IIJ, dijo que una de las preocupaciones derivadas de un mundo globalizado es la transformación de las epidemias en pandemias. “Debido al traslado de personas de un país a otro y al rápido contacto, la extensión de las enfermedades y sus efectos devastadores se tornan peligrosos”.

Agregó que las emergencias sanitarias ocasionan grandes daños a la población en términos de salud y economía, limitan libertades y alteran el estado anímico de los individuos; por ello, se deben repensar estrategias y buscar financiamiento para enfrentar lo que pudiera surgir en el futuro.