El secretario de Salud, José Angel Córdova Villalobos, consideró necesario aplicar un marketing social que induzca cambios de comportamiento, sobre todo entre los jóvenes para inhibir el consumo de metanfetaminas.

En la presentación del libro “Metanfetaminas. Lo que los padres deben saber”, señaló que es necesario utilizar dichas estrategias que demostraron su eficacia durante la emergencia sanitaria provocada por la epidemia de influenza A(H1N1).

Córdova Villalobos refirió que debido a la participación de los medios durante la emergencia se lograron cambios de conducta en la sociedad hacia estilos de vida saludables, lo que permitió contener la amenaza que significaba el virus.

El titular de la Secretaría de Salud (SSA) puntualizó que en la actualidad se vive una cultura de permisividad, donde el uso y abuso de sustancias adictivas legales como el alcohol y el tabaco no provocan sorpresa alguna e incluso se inducen en el seno familiar.

El funcionario lamentó que esta situación sea resultado de publicidad que induce al consumo de sustancias nocivas, por lo que debe ejercerse una campaña que propicie la adopción de conductas saludables y el uso adecuado de los servicios de salud.

Expuso que libros como el que se presentó este jueves está dirigido a padres de familia, quienes tienen la responsabilidad de educar y conducir a las nuevas generaciones por un camino libre de drogas.

Destacó que se requiere además de la atención médica de las instituciones de salud, la acción social y educación para alertar a la población de las consecuencias de las adicciones.

A su vez, el presidente del Patronato de los Centros de Integración Juvenil, Jesús Kumate Rodríguez, catalogó a las metanfetaminas como las drogas del siglo XXI, ya que la posibilidad de síntesis química tiene graves consecuencias para los consumidores.

La directora general de los Centros, Carmen Fernández Cáceres, abundó que drogas de este tipo provocan trastornos mentales, deshidratación grave, así como aumento de temperatura y de la frecuencia cardiaca.

Además causan irritabilidad, agresividad, ansiedad, paranoia, pérdida de memoria, alteración del estado de ánimo, psicosis e ideas suicidas.

Fernández Cáceres añadió que los factores de riesgo para su consumo tienen que ver con la disponibilidad, la invitación de los amigos a su consumo y falta de vinculación familiar, que se exacerba en contextos de violencia intrafamiliar.