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La Depresión del Parkinson

Se sabe que la depresión es el trastorno psiquiátrico más común en la Enfermedad de Parkinson y sus sintomas generalmente no son detectados de manera temprana y por lo tanto no son tratados; de inmediato, la depresión agrava los déficits cognoscitivos y en ocasiones se puede considerar un preludio para un cuadro demencial, aunque es conocido que la depresión conlleva la asociación de déficit cognoscitivo al punto de que en la población senil puede llegar a imitar una demencia.
 
Aunque la prevalencia varía mucho en las series publicadas, se considera que la frecuencia media es del 40% debido a las diferencias en los estudios a las diversas formas metodológicas empleadas. Los síntomas depresivos en los pacientes con Parkinson se pueden clasificar en la actualidad como un trastorno del humor (afectivo) orgánico, o como trastorno del estado de ánimo con síntomas depresivos debido a EP (condiciones médicas) según dos de las clasificaciones más frecuentemente usadas en la actualidad (CIE-10 y DSM IV).

Los trastornos depresivos mayores son clasificados generalmente como de moderada a severa intensidad y generalmente acompañados con síntomas de ansiedad. En muchos estudios se considera que no existe una clara relación de factores de riesgo para la asociación de EP y depresión como son la edad de inicio, la duración de la enfermedad, el estado funcional, ya que muchas veces los síntomas afectivos pueden ocurrir antes del inicio de la incapacidad motora, e inclusive, en una tercera parte de los pacientes está presente desde los primeros síntomas, sin que por esto deban dejarse de ser investigados y tomados en cuenta junto a los recursos sociales, familiares o personales además de la información acerca de los trastornos psiquiátricos padecidos a lo largo de la vida, para integrar o entender el papel que tienen éstos en la actualidad, y establecer los elementos básicos del tratamiento psiquiátrico.

Por otra parte la mejoría motora con medicamentos no está asociada a la mejoría del estado de ánimo, pero un tratamiento efectivo de la depresión se ha asociado en algunos casos con una mejoría de la función motora.

La depresión presenta cambios del estado de ánimo con pérdida del interés y sentimientos de desesperanza, una ocasional disminución hasta la total pérdida de la energía, retardo psicomotor y disminución de la habilidad para pensar o concentrarse, además de niveles elevados de disforia, pesimismo hacia el futuro, irritabilidad, dificultad en la toma de decisiones e ideación o intento suicida. El insomnio, la anorexia y la pérdida de la libido son frecuentes en la EP. Menos frecuente es el sentimiento de fracaso, sin que por esto deje de existir. Hay pérdida del ciclo circadiano y son frecuentes los síntomas somáticos, como la fatiga, constipación, cefalea y diaforesis. Conforme aumenta la evolución de la enfermedad, van predominando los síntomas vegetativos, confundiéndose estos en las dos enfermedades ya que las molestias genitourinarias, las alteraciones del sueño, hipersudoración, edema, constipación, etc. propias del Parkinson pueden ser agravadas por los antidepresivos. Por eso, es importante al valorar al paciente deprimido, revisar cuidadosamente su tratamiento antiparkinsónico, así como los otros medicamentos asociados, tratando de evitar la polifarmacia, las interacciones, las fluctuaciones medicamentosas o el uso de medicamentos que puedan producir depresión en personas susceptibles, investigando los medicamentos no prescritos por el médico como pueden ser hierbas, polivitamínicos o aun los mismos fitofármacos, autorrecetados por el paciente o la familia.

La dilatación ventricular es más frecuente en los pacientes con depresión y EP que en aquellos sin depresión, incluso los índices de crecimiento ventricular son mayores, por lo que habrá de estar atentos a cambios en el estado de ánimo cuando se observen estas alteraciones en los estudios de neuroimagen. Las escalas de medida utilizadas no han sido elaboradas específicamente para depresión en Parkinson; sin embargo, las limitantes físicas no invalidan a éstas, como el inventario para la depresión de Beck o la escala de depresión de Hamilton.

Un problema importante para el clínico y los familiares es no confundir la apatía, definida como un estado de motivación disminuida, con la depresión, ya que la indiferencia y la inactividad pueden llegar a ser muy frustrantes para los cuidadores primarios o la familia, llegándose a detectar a ésta asociada con la depresión hasta en un 30% y en un 12% sola, teniendo como característica clínica una mayor edad de inicio del Parkinson que en los que tuvieron Parkinson más depresión.

Por otra parte, la labilidad emocional se encuentra incrementada en esta población, refiriéndonos a las expresiones emocionales y sentimentales excesivas e inapropiadas, en ocasiones inmotivadas e involuntarias, que aparecen con mayor frecuencia de lo que sería habitual antes de la enfermedad. Se le ha nombrado también, afecto pseudobulbar, disprosopeya, llanto y risa patológica o incontinencia emocional, siendo la más común el llanto y más rara la risa.

De gran alivio para el paciente y su familia, es la explicación de este fenómeno por parte del médico tratante, cuando se menciona que puede presentarse solo o asociado a la depresión junto con otras enfermedades neurológicas, como pueden ocurrir en la enfermedad donde se ha avanzado mucho en su estudio.
 
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